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  <title type="text">Archivos del Sur</title>
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    <title type="html"><![CDATA[Runilda Palma, la primera enfermera auxiliar en Villa La Angostura.]]></title>
    <summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://archivosdelsur.ar/files/fullsize/b09f0c31c6a63a195da8c263dbdf315d.jpg" alt="Las enfermeras de Villa La Angostura: Margarita Cárdenas, Runilda Palma, y Boyita Fernández junto a Irma Cárdenas" /><br/><p><strong><em>Runi como cariñosamente la conocen, forma parte de la gran historia de la Salud Pública en Villa la Angostura y parajes cercanos.</em></strong></p><p>Nací el 29 de mayo de 1942, acá en Villa la Angostura. Todos nacimos acá, menos un hijo que nació en Mendoza y otro que nació en Córdoba. <br />
Mis abuelos, no los conocí, porque mi papá... siempre nos tuvo más o menos por este lugar. Acá en Villa la Angostura, en Bariloche. Los abuelos por parte de mi mamá tampoco, porque mi abuela murió en Chile. A mi mamá la trajeron de Chile, chiquita. Y vivieron a Cuyin Manzano. Se llamaba Lidia Irene Baeza. </p><p>
Mi papá, Manuel Palma, fue el que trabajó en la cuadrilla que hizo la ruta a Bariloche. Pasaba días y días por ahí enterrado en el barro con el montón de compañeros que en este tiempo de nieve, era feísimo. Sabía llegar con dolores por todos lados. Se iba a... San Martín, a unos baños en Hua Hun. Y ahí más o menos se componía un poco y volvía otra vez a trabajar.<br />
¿Él trabajaba como caminero de Parques? <br />
De Parques sí, pero trabajaba como Capataz de la cuadrilla. Después pasó a la Universidad de Buenos Aires. En Inacayal (U.B.A.) nacieron todos mis otros hermanos. </p><p>
El día que entró el Dr. Molinero a la escuela 104 en la Villa proponiendo a los alumnos de sexto grado aprender primeros auxilios<br />
De ahí empezamos a ir a la escuela desde la Universidad. Y yo en sexto grado salía de la escuela y me iba a la Villa, a la salita que tienen atrás del Guardaparque. Ahí hicimos un pequeño hospitalito. Era una sala de Primeros Auxilios pero la hicimos con una división para poder internar gente. Teníamos para grandes y para chicos. <br />
No había hospital, no había enfermeros, no había médico. Un día vino a la escuela un médico (a proponernos) y no sé por qué directamente miraba para donde estaba yo y entonces yo le digo... Sí, la verdad que me gustaría aprender a dar inyecciones y hacer todo ese tipo de cosas. Bueno, ahí empecé a ir. Después ya nos cambiamos a la plaza de la Villa. Hoy hay una casa que la pintaron de azul. En esa casa después se hizo un hospitalito más grande. Teníamos para hombres, para chiquitos recién nacidos. Después yo pedí que me llevaran una compañera... que fue Margarita Cárdenas. También (citaron) a Mirta Martínez. </p><p>
O sea, yo cuando pedí, me llevaron a Margarita porque era mucho trabajo para mi sola. Y después Margarita se enteró de que estaba Mirta que quería entrar y... Bueno, entró, estuvo un tiempo, y después se fue. <br />
Viaje de estudios en la ciudad de Neuquén<br />
En Neuquén vivíamos en la sala de Maternidad, en el hospital que todavía es el mismo hospital de antes.  (Bouquet Roldan)<br />
¿Y cuánto tiempo estuvieron  estudiando? <br />
Eran unos nueve meses, algo así. Fue en 1958 o ´59. Que yo no lo terminé porque la instructora  me agarró entre ojos...bueno, la cosa que me sacó afuera...<br />
¿Era un curso de primeros auxilios? ¿O era más importante? <br />
Más importante. Tanto que... bueno, no aprendí tanto como aprendí acá en la Villa. En la Villa ya  hacíamos hasta análisis de sangre, de orina, de todo un poco. Bueno, allá nos daban (lecciones) por ejemplo, teníamos el cuerpo humano, también le metían la historia de la enfermería. </p><p>
¿Quién fue el doctor que fue ese día a la escuela y la miró cuando tenía 11 años?<br />
El Dr. Molinero. El que me llevó a mi primero, me enseñó a hacer inyecciones, a hacer curaciones, a atender a las personas cuando ya estaban muy graves, mientras que llegué él, porque él no estaba en la salita. Bueno, la verdad es que aprendí ahí prácticamente de todo. Hacer la inyección intravenosa, intramuscular, subcutánea, todo. Y después también aprendí cuando en verano se venían la enfermedad de las diarreas en los chiquitos, más que nada, teníamos que darle el agüita para que no se deshidraten del todo. </p><p>
¡Para usted fue una vocación su trabajo! <br />
Sí, a mí me gustó de chica porque cuando era más chica, todavía no iba a la Salita ya le curaba la herida a los animales. Y hasta ahora último. Tomándole la presión a las personas cuando lo necesitan. Yo iba a la casa, por ejemplo, de la vecina Angelita Martínez cuando se sentía mal, enseguida me mandaba a llamar.<br />
El Dr. Molinero<br />
Yo lo conocí, así superficialmente, porque casi no estaba con nosotros. Estaba en el apurón, ahí cuando lo llamábamos y después ya salía. Iba  de un lado al otro. Era una persona muy buena, muy simpática. Tenía mucha paciencia conmigo y con mis compañeras también. ¿Por qué? Porque cuando empezamos, por ejemplo, hacer las mezclas de medicamentos, tenía que poner tanto de un medicamento, tanto del otro. Nos preguntaba, ¿Cuánta cantidad tenía que ser de cada medicamento? Por ahí nos retaba un poco y seguíamos. Los nervios que uno se agarra cuando uno empieza a hacer algo. Era muy buena persona. </p><p>
¿Salía mucho al campo, a ver a pacientes?, ¿Ya había recorridas  del hospital por la zona rural? <br />
No, en ese tiempo únicamente la atención que había en la salita y nada más. Qué era atrás del Guardaparque. Un lugar muy chiquito. Pero tenía un baño ahí atrás, una piletita, una sala grande que nosotros la dividimos. Después cuando vino, no me acuerdo qué médico fue (Dr. Feliu), qué ya bueno, teníamos  el hospital grande, entonces ahí ya sí empezamos a salir, a hacer las vacunas, a recorrer todo hasta el Rincón por todos lados, para este otro lado hasta Huemul… teníamos que subir a arriba donde están los Quintriqueos. Salíamos en un jeep. Era el doctor Arraiz. En su gestión se arma el Hospital. Ahí fue cuando ya teníamos internados. </p><p>
¿Qué recuerda de esos viejos pobladores rurales? ¡Usted los debe haber conocido!<br />
Me  acuerdo. Una vez fui, nos dice el doctor: - Bueno, Runi, dice:- a prepararse porque vamos a ir a hacer la vacunación a la Isla Victoria que había  chicos internado allá, o sea que vivían en una escuela, llevaban chicos de acá también, para allá, por ejemplo, los Chabol, los más grandecitos, aprendieron ahí en la Isla Victoria. Bueno, esa noche nos quedamos ahí, que me acuerdo que andaba un león ( puma), hubo un... zoológico, donde había pavos reales, de todo un poco y se rompió (el cerco) donde los tenían, así que empezaron a andar por afuera. Se tenían que cuidar cuando salían a la noche. <br />
De ahí teníamos que pasar al otro lado del lago, a la Estanzuela. Ahí vivían los Eggers y cuando le avisaron que íbamos... Ah, bueno, que vengan, los vamos a esperar acá, con una asadito. Cuando llegamos allá, este... fue tan gracioso. Uy, pensamos nosotros, un ternerito nuevo, algo así. Bueno, la cosa que lo hicieron y comimos, y cuando nos quisimos acordar, ¿A que no saben qué están comiendo? Los potrillitos recién nacidos. Nos queríamos  morir.  Bueno, la cosa que comimos y de ahí seguimos, toda la costa, hasta llegar a los Martínez, a los Chabol. <br />
Y recuerda alguna otra anécdota cuando iban para la zona de Santa María o de los Quintriqueos, porque eran culturas también diferentes, unos eran italianos, otros eran Mapuche, cada uno con su... <br />
Con su forma de ser, sí, la verdad que conocimos a los… Tanta gente que se me vuelan los apellidos, ahora... Bueno, para aquel lado no me acuerdo mucho. Después para este lado estaban los Guananja, que también para el Rincón... Ay, como que se llamaban... Cui Cui. Estaba don Mateo Cui Cui. Estaban solos los viejitos, metidos en el bosque. (Brazo Rincón). Del  puente del Totoral, por ahí, para adentro estaban metidos ahí entre los árboles. Era una casita muy precaria.  Tenían piso de tierra. Tenían fogón. Era bien rústico. Y ahí estaba todo negro por el humo. Yo no sé cómo vivían tantos años,  esa gente. Bueno, después estaba  Don Valentín, también por allá. Valentín Monsalve con toda su familia. Y los Sobarzos, sí. Quedan muchos también, ¿no? Los Meier, los Colleti que eran un montón más. Sí, vivían allá todos. Después vino la policía que estuvo ahí. Creo que era un Barria, el primer policía que vino, que estaba apostado en la cruzada para del río Correntoso. <br />
¿Tiene alguna anécdota en todo tu trabajo? <br />
Lo que sí trágico era lo que pasaba en Traful, se mataban los hermanos, unos con otros. A uno lo llevaron a la salita allá, que lo tuvieron no sé cuántos días en... creo que en Gendarmería. Y después cuando más o menos se dieron cuenta como había sido, los llevaron a la salita para hacerle la autopsia. Teníamos que sacarle todas las balas que tenía metidas en el cuerpo. Eso sí que fue trágico. Porque estaba bien hacer las inyecciones, hacer curaciones o un parto. Todo eso más o menos pasaba. Pero tener que buscar donde estaba las balas no era tan lindo. Un olor había ya que mis compañeras no aguantaron. Pero bueno, había que hacerlo. Me acuerdo que le sacamos como 10 o 12. No me acuerdo cuántos balazos. Por todos lados tuvimos que abrirlo. Para mí que eso más lo hicieron para ver si aguantábamos. Porque no creo que haya sido tanta la importancia que tenía de sacarle todas las balas  después que estaba cuanto tiempo muerto. Pero bueno. <br />
La infancia en Inacayal</p><p>
Teníamos vacas para ordeñar, caballos, ovejas que había que cuidar. Una vez vino un perro, me las tiró todas para la orilla del lago. ¡Qué manera de sufrir! Porque una vez que se les moja la lana quedan pesadas y si no pueden salir mueren ahí adentro. También había que ordeñar, vender la leche. Mi papá tenía animales y terneros. <br />
¿Ya venían estudiantes a Inacayal en esa época? <br />
No, sabían venir doctores, de vez en cuanto sabían venir los estudiantes pero los que ya estaban por recibirse. <br />
¿Cómo eran las instalaciones? <br />
Primero era el chalet chico que se le llamaba que se quemó desgraciadamente porque era tan lindo. Ahí vivíamos nosotros, verano e invierno.  El chalet grande era el de piedra. Después hicieron el comedor, con la cocina en la cabaña. Al principio iba a ser cabaña normal después le hicieron cocina, comedor y... ya venían a almorzar todos los estudiantes. Después hicieron las cabañas del frente, que me imagino que conoce. Teníamos una casita chica arriba. Y ahí había galpones. El galpón donde guardábamos el pasto. El pasto que cortábamos nosotros y después había que juntar todo. Rastrillar, subirlo al carro, llevarlo al galpón. Después había que pisotear todo eso. Hacer los jardines, hacer la huerta arriba. Había que juntar los animales, meter cada animal en cada lugar. Que ahora ese lugar donde poníamos los animales lo hicieron un comedor. </p><p>
Nosotros cuando se quemó el chalet chico que le llamábamos, nosotros vivíamos ahí en el invierno. ¿Por qué? Porque si dejábamos solo, abrían las persianas y se metían a la casa y se llevaban las frazadas y los colchones. Así que había que estar cuidando todo el tiempo. Ahí aprendí a tirar con el rifle. Empezaban los perros a ladrar y había que salir porque mi papá con su problema en las rodillas andaba mal, tenía que salir yo. Yo tiraba para arriba  cosa que se asusten. <br />
Teníamos pavos, que se escapaban, se iban para la Granja de Hortensia Hensel. En la Granja tenían una quinta enorme. Así que teníamos que estar pendiente que no se metan ahí y hagan lio. <br />
Teníamos una vaca que se metía en la quinta de la escuela, la 104 en la Villa. Era un plato, con los cuernos levantaba la cadena de la tranquera y se metía dentro. Un día me llamaba la directora y me dice:- Mirá Runi lo que ha hecho tu vaca. No es mía le decía yo, será de mi papá, me daba rabia porque teníamos que estar atrás de los animales todo el tiempo. Mi papá decía que por culpa de nosotros que no la habíamos cuidado, no le habíamos enseñado. ¡Sí era más viva la vaca! Terminó cortándole los cuernos y le puso una madera delante. Con la madera delante, todo seguía igual, ja, ja.<br />
¿De cuántos años se fue usted de ahí de la UBA? <br />
Yo tenía... 25 me parece.<br />
 ¿Ahí cuando empieza a viajar a Buenos Aires? <br />
Antes viajé a Buenos Aires, bueno, después volví otra vez al hospital, seguí trabajando en el hospital. Ya sabía más la historia de todo lo que había aprendido en los partos, porque siempre encaré para algunos hospitales para trabajar. Después estuve por Mendoza y Córdoba.<br />
Al final me volví a Villa La Angostura y empecé a trabajar en el Messidor en 1977. Hacía tanto de cocinera como de lavandera como de todo. Pero en realidad mi trabajo era enfermería. </p><p>
Cuando se fue Isabel (Martínez de Perón) entre yo y ahí empezaron a venir de todo. Pasando por los del Ejército, por los Gobernadores, los Ministros, el Presidente y cuantas cosas. Yo con el que hablé fue con Menen, cuando se hizo la picadura del... (risas).<br />
Estuve hasta que me jubilé a los 58 años. Pero siempre haciendo el mismo trabajo. Visitando los enfermos. Haciéndole los controles. Haciéndole con la presión. Siempre la misma historia alrededor. Después también lo que ayudé a hacer fue buscar la cantidad de chicos que había cuando quisieron hacer la 341... Y  también hice el censo para los chiquitos para mandarlos al jardín. Y después para la escuela de acá atrás. Y ahora último para el último jardín, sí que no, ya no. <br />
No salí porque empecé con el asunto de la Capilla. Trabajaba con la Capilla para los velorios para... Cuando venían los grupos de chicos que venían a misionar. Trabajaba ahí para terminar un poco más esa Capilla (Las Margaritas). La remamos con algunos vecinos, hacíamos empanadas y vendíamos para cuando había que comprar el cemento, siempre había un porqué para tener que hacer alguna compra. <br />
Ahora a los 81 años, se me ocurre de hacer nada más,  algún tejido, un poquito. Descansar un poco. Vamos a ver hasta cuando me va a dar fuerzas Diosito. </p><p>
Me quiere contar un poquito más de sus compañeras, las enfermeras. <br />
El drama fue que yo con ellas ya no tuve más, porque cuando yo me vine a trabajar otra vez en la UBA. Y ahí fue un empezar a trabajar. También a ayudarles ahí en el Hospital, así que andaba un poco por cada lado. Porque ella  Margarita Cárdenas por ejemplo falleció  al poco tiempo que se vino, de que se recibió vino acá la Villa. Y la otra que era la última compañera que tuve también. Se fue. Se fue a Buenos Aires, no sé dónde. Así que no. No supe más nada. Se llamaba Mirta Martínez. </p><p>
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<br />
</p></p><p><em><strong><a href="https://archivosdelsur.ar/items/show/265">For more (including 12 images), view the original article</a>.</strong></em></p><p></p>]]></summary>
    <published>2024-06-29T13:13:16+00:00</published>
    <updated>2024-07-01T22:34:17+00:00</updated>
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    <title type="html"><![CDATA[Sala Primeros Auxilios - Puerto Villa La Angostura – Y un día también tuvimos una salita de primeros auxilios]]></title>
    <summary type="html"><![CDATA[<p><img src="https://archivosdelsur.ar/files/fullsize/eadb8e7e9d88d14718b01dcf2ed4abce.jpg" alt="Casa del enfermero en el actual Puerto Villa La Angostura" /><br/><p><strong><em>La museóloga y profesora de Historia Mercedes &quot;Mechi&quot; Palavecino relata la curiosa historia de la creación del primer centro de salud que tuvo la localidad.</em></strong></p><p>Y UN DIA, TAMBIEN TUVIMOS HOSPITAL….<br />
A veces, las comodidades y servicios con los que contamos en la actualidad nos hacen perder de vista como pudo ser la vida antes, cuando estos no existían, y las penurias y luchas desarrolladas por muchas personas a veces ignoradas o no reconocidas para contar con estos servicios básicos que hoy disfrutamos. Ya escribimos sobre el Correo y las comunicaciones, hoy lo haremos sobre el Hospital y la salud pública.<br />
Los primeros habitantes que vivieron en nuestra pueblo cuando comenzó la colonización no contaban con servicio médico ni sala de primeros auxilios. En Bariloche estaba el doctor Vereenbrughen, médico suizo que atendía a los vecinos allí, a principios de 1900 y aquí la sra. Emma Drasckler oficiaba de partera para las vecinas<br />
que lo necesitaban, aunque a veces también la misma familia debía resolver el tema, ya que las inclemencias del tiempo, las escasas comunicaciones y la intransitabilidad de los caminos hacia imposible la llegada a tiempo de doña Emma, quien se movilizaba a caballo, y en su cintura llevaba siempre un revolver, “por las dudas”.<br />
Otros tiempos. También se contaba con las machis, que practicaban la medicina natural a través de hiervas y plantas medicinales tan abundantes en nuestro bosque andino patagónico, y que hoy este conocimiento está bastante poco difundido, excepto el caso de la doctora Sara Itkin. Según Conrad Meier, cuando se instaló gendarmería<br />
aquí, en la década del 30, hubo gendarmes enfermeros que cubrían algunas necesidades médicas básicas también, y de hecho existió “la casa del enfermero”,<br />
aunque no pudimos saber con certeza dónde estaría ubicada.</p><p>
El Dr. Carlos Gustavo Behnisch llegó a Bariloche en su luna de miel en 1945, recién<br />
recibido de médico en la Universidad de Buenos Aires, con su tesis sobre cáncer de<br />
lengua. Alemán de nacimiento, llegó con su familia a la Argentina, como tantos<br />
europeos, luego de la primera guerra mundial , allá por 1920, contando con 7 años de<br />
edad. Su esposa, Harriet Schrader, descendiente dinamarquesa, era música y cantante pero había estudiado enfermería para colaborar con él. Al ver nuestras bellezas<br />
naturales y enterarse de que en el pueblo en aquellos dias no se contaba con médico ni hospital, decidieron establecerse aquí. Desde Buenos Aires trajeron equipamiento e instrumental médico y algunos medicamentos comprados con sus ahorros y tras un largo y accidentado viaje en tren y automóvil (recordemos que en ese tiempo Menem<br />
aun no había gobernado y se contaba con servicio de ferrocarril, que demoraba 36 hs desde Plaza Constitución a S.C.de Bariloche, si todo andaba bien, y desde Bariloche<br />
hasta la Villa eran 108 km de tierra y ripio que en invierno, complicaban muchísimo el viaje) llegaron a la Villa. Se establecieron en la construcción que tenia Carlos Hensel y su esposa Hortensia, que posteriormente fue La Granja, alquilándoles unas habitaciones para vivienda y consultorio.</p><p>
Atendieron allí a los vecinos, los que podían pagar lo hacían, y los que no, igual eran<br />
atendidos. No tenían vehículo, por lo que para visitar a sus pacientes contaban a veces con la buena voluntad de los que tenían alguna movilidad, sino lo hacían a caballo o caminando, y si era en el perilago, en lancha o algún bote. Algunas veces utilizaban<br />
también su klepper, que era un kayak para dos personas, desarmable y plegable,<br />
obsequio de su madre. Este kayak actualmente se encuentra expuso en nuestro<br />
Museo, en el puerto, donado por su familia.<br />
En ese tiempo, Angostura se hizo capital del Departamento de Los Lagos, en la aún<br />
Gobernación del Neuquén, y se creó la Comisión de Fomento, cuyo primer Jefe comunal fue don Francisco Capraro. Este contexto nacional y provincial nos permitirá entender el abandono que tenia nuestro naciente pueblo y todo lo que debió padecer la familia Behnisch para poder atender las necesidades médicas de los vecinos, en<br />
condiciones tan precarias y de aislamiento, con escasos caminos y la intransitividad de los mismos en los largos inviernos. Todo quedaba lejos y Dios siempre atendió en Buenos Aires.<br />
 En “la Villa”, como denominábamos antes al actual puerto, existía desde<br />
1943 un terreno cedido por Parques Nacionales para construir allí una Sala de Primeros Auxilios. El dr. Behnisch procuró resolver, a través del Coronel Irusta, presidente de Parques Nacionales, el grave problema que representaba la falta de un lugar adecuado para la atención de los pacientes y su cuidado, comentando dos casos graves y recientes que debió afrontar, un trabajador que había sido aplastado por un<br />
coihue, lo que le ocasionó conmoción cerebral y fracturas varias, no pudiéndolo derivar a Bariloche por la falta de una ambulancia y por no poder solicitar una al hospital allí por no poder comunicarse, ya que el telégrafo se encontraba en el Correo, que atendía hasta las 20 hs. Otro caso complicado fue un paciente que padecía meningitis y<br />
requería cuidados máximos de higiene y vivía en condiciones muy precarias. Se necesitaba contar con un hospital. El Coronel Irusta intervino ante la Dirección Nacional de Salud Pública y éstos ante el Gobernador del Territorio del Neuquén, Coronel Bartolomé Peri, quien envió un arquitecto para relevar el terreno para el emplazamiento de un futuro centro de salud a construirse, ya que el terreno donado<br />
por Parques según el Dr. Behnisch no era apto, porque se inundaba, el ruido de los motores de la Usina eléctrica (actual museo) no lo acompañaba y quedaba muy a trasmano para los pobladores.</p><p>
El doctor. Behnisch proponía un terreno ubicado en un lugar mas alto y soleado, cerca del Cruce y mas cómodo para los vecinos. En ese lugar se construyó, muchos años después, nuestro primer hospital. El doctor envió al arquitecto fotos del lugar elegido, y croquis dibujados por él, de la planta, instalaciones y disposición interior del futuro<br />
hospital, con posibilidades de ampliaciones , la profundidad a que se encontraba la napa de agua., y un listado del personal necesario para su funcionamiento. Previó el doctor el crecimiento de la Villa, pensando también en la ruta internacional a Chile, que comenzó 10 años después, e incorporando a Traful, que no tenia centro de salud<br />
tampoco. Parque Nacionales ofreció provisoriamente una sala en su seccional de Angostura hasta que se construyera el edificio para ese fin y en junio de 1947 se inauguró, contando con la visita de autoridades. Después de tres años de su llegada al pueblo, se<br />
lo contrató como médico, por cinco años. con sueldo y viáticos Hasta ese momento el doctor se manejaba con lo poco que podían pagar los vecinos que podían hacerlo, como ya hemos dicho y las cosas que le llevaban los otros vecinos. El hospital de<br />
Bariloche colaboró con un Jeep Willys verde oscuro y techo de lona, que ocasionó<br />
muchos dolores de cabeza al doctor, y terminó manejandolo generalmente. su esposa.</p><p>
En 1948 llevó a cabo una campaña de vacunación por un brote de fiebre tifoidea en<br />
Traful, y también debió ocuparse de un grave problema en el lago Espejo, donde los<br />
pobladores contrajeron para - tifus y el medicamento, preparado en Buenos Aires,<br />
debia proporcionarse como máximo 48 hs. después de elaborado, por lo que se<br />
enviaba en avión a Bariloche y desde allí se traía en lancha y en Inalco esperaban al<br />
doctor para ir a caballo al Espejo y proporcionárselo a los pacientes. Toda una Odisea.</p><p>
En ese tiempo se mudaron al Cruce, a una propiedad de doña Olga Balladino, sobre la actual avenida Arrayanes, donde aun permanece la araucaria. El doctor insistía sistemáticamente ante las autoridades nacionales y provinciales sobre nuestra<br />
necesidad de contar con el centro de salud, enviaba estadísticas e informes de su trabajo, de las acuciantes necesidades sin resolver y de tanto reclamar la burocracia se iba moviendo, muy lentamente para el que espera. En 1948 inició giras de servicios médicos a Villa Traful, Quintupuray, Cuyín Manzano, La Lipela, Limay y demás parajes<br />
del departamento de Los Lagos, el doctor reclamaba que se lo proveyera de combustible para realizar sus salidas. </p><p>
Entre octubre y noviembre de 1948 llevó a cabo<br />
una campaña de vacunación contra la fiebre tifoidea, registró haber vacunado a 961<br />
personas, entre adultos y niños. Construyó su vivienda en El Cruce, actual Topo Gas, en la calle Belvedere al 200, ya que la familia se iba incrementando con la llegada de los hijos.</p><p>
En el año 1951 desde el Hospital de Bariloche le enviaron una ambulancia en lugar del<br />
Jeep, pero no era apropiada para nuestros caminos de aquel entonces, luego de<br />
desbarrancarse en el rio Bonito y sufrir solamente daños materiales, volvió al Willys, mas apto para esta zona. Cuando le correspondía renovar su contrato en 1953 decidió<br />
dejar este bello lugar y regresar a Buenos Aires, para darle un mejor estudio a sus hijos, que ya estaban en edad escolar. Fue muy dura y desgastante la lucha por procurar conseguir la dotación de un centro de salud, no fue en vano su esfuerzo, la semilla se plantó y con los años se vio concretado, pero él ya no estaba aquí para verlo y disfrutarlo. Cuando finalmente se inauguró el Hospital, en 1962, nadie tuvo la<br />
delicadeza de comentarle el hecho e invitarlo, siendo que tanto habia batallado el<br />
doctor para lograr esto. En el año 1994 la Municipalidad de Villa La Angostura decidió<br />
reconocer el esfuerzo de nuestro médico pionero y se le otorgó la Mutisia de Plata, máxima condecoración que se otorga a nuestros vecinos destacados por actividades<br />
hacia la sociedad. En el año 2010 cuando se mudó el hospital al edificio que ocupa actualmente, desde la Comisión de Patrimonio se hizo la solicitud que el hospital se llamase Dr. Behnisch, en homenaje a nuestro médico pionero, pero desde el Consejo Deliberante no se tomó la iniciativa, argumentando que no se podía cambiar los<br />
nombres que ya existían, cuando todos sabemos que esto no es así. A pesar de ello hay una calle con su nombre y el año pasado, los vecinos del barrio hospital decidieron que el edificio diseñado por el doctor Behnisch y que fuera el primer edificio del hospital, debía llevar su nombre, aunque hoy funcionan en él oficinas municipales.<br />
Vinieron familiares del doctor para ese evento. Esta historia continua…..</p><p>
Este escrito fue realizado por Mechi Palavecino para Archivos Del Sur, sobre la base<br />
de testimonios orales de Conrad Meier y una entrevista realizada por el Ing .Werner Diem a la Sra. Harriet Schrader en su casa en Buenos Aires en el año 2009, y que dio lugar al trabajo que éste realizara para la Comisión Municipal de Preservación del<br />
Patrimonio Histórico Cultural, con el que se procuró generar el cambio de nombre del<br />
Hospital Dr. Arraiz, cosa que hasta la fecha no fue lograda.</p></p><p><em><strong><a href="https://archivosdelsur.ar/items/show/256">For more (including 5 images), view the original article</a>.</strong></em></p><p></p>]]></summary>
    <published>2024-06-22T14:35:16+00:00</published>
    <updated>2024-06-22T16:49:44+00:00</updated>
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