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Y un día, también tuvimos hospital

La museóloga y Prof. de Historia Mechi Palavecino escribe sobre el paso de la sala de primeros auxilios a un hospital.

Y UN DIA, TAMBIEN TUVIMOS HOSPITAL…continuación de “Un dia también tuvimos sala de primeros auxilios”

Isabel y Eduardo Molinero, médicos ambos, les gustaba vacacionar como mochileros en nuestra región, fue así como se enteraron que desde 1953, con la partida del Dr. Behnisch, no contábamos con servicio médico en el pueblo y decidieron instalarse aquí. Eduardo vino con el cargo de Director de Hospital, aunque aún no teníamos hospital, y entre los dos, ganaban lo mismo que Eduardo percibía en Buenos Aires.
Igualmente les entusiasmó la idea del cambio de vida y aqui se instalaron en 1956.
La comuna les proveía alojamiento, una cabaña ubicada antes de llegar a la Capilla de la Asunción, en el puerto actual, propiedad de don Ulloa. La sala de primeros auxilios estaba ubicada en el edificio de la delegación de Parques Nacionales
.En su libro, “Recuerdos de dos médicos patagónicos”, ellos rememoran su estadía por estos pagos, y nombran a sus colegas médicos que contaban con residencia de verano aquí, el Dr. Barilari, alemán con propiedad en Cumelén, el doctor Lanari, fundador del Instituto de Investigaciones Médicas que hoy lleva su nombre, el doctor Felipe de
Elizalde, decano de la facultad de Medicina, el doctor Surra Canard, el doctor Copello, dentista.

Eduardo nos comenta que la Comuna, como se llamaba antes al Municipio, contaba con la colaboración de una comisión de Obras Públicas, que trabajaba en forma honoraria. Ellos discutían la mejor forma de resolver los problemas que se iban planteando ante el crecimiento del pueblo naciente. Quiero remarcar aquí, que en las
décadas del 50 y 60, el pueblo crecía si nacían mas niños que las personas que fallecían. No era habitual que alguien eligiera vivir aquí, por lo que la cantidad de
población se mantenía estable en el tiempo, a diferencia de la situación actual, donde el crecimiento es sostenido y a veces no sabemos cuantos habitantes se cuenta. Uno de los problemas fué el agua potable, ante la creciente cantidad de casos de parasitosis intestinal de los vecinos. Se encomendó a los Ingenieros Hart que
estudiaran el problema y presentaran un proyecto, luego de muchas idas y vueltas, donde el Comisionado Municipal Sr. Perez Brizio ( 9-7-57 al 25-5-58) para bajar los costos ordenó que los caños se enterrasen a menor profundidad, haciendo que con el paso de los camiones se rompieran e inutilizaran, generando la renuncia de la Comisión de Obras Públicas en su totalidaad, finalmente fue financiado por la gobernación del Neuquén.

Los doctores Molinero narran que cuando aun no se contaba con el Hospital, tenían
un “consultorio móvil”, viajaban con el jeep recorriendo el departamento de Los Lagos, que contaba con una caja posterior cubierta, donde llevaban una farmacia, con medicinas provistas por Salud Pública, donaciones y otras compradas por ellos
mismos. En Cuyín Manzano atendían en la escuela rural de alli, contando con la colaboración del maestro, joven muy voluntarioso a quien habían instruído como ayudante.

En 1958 Frondizi fue elegido presidente y en Neuquén, Edelman como gobernador. En
esa gestión se promulgó la ley dictada por Perón en 1955 de provincialización de los Territorios Nacionales. En Villa La Angostura se eligió a Eduardo Molinero como Comisionado Municipal, quien asumió desde el 25 de mayo de ese año hasta el 18 de marzo de 1961. Fue nuestro primer médico a cargo del gobierno municipal, esto lo
remarco porque después tuvimos otros médicos cumpliendo esa función. Eduardo Molinero comentó que en un viaje a Neuquén capital, en la legislatura tuvo el agrado de ver a su tío abuelo Juan Carlos Molinero, quien durante la primer presidencia de Yrigoyen estuvo a cargo del gobierno del territorio del Neuquén interinamente, entre
1918 y 1919.

Siguiendo el derrotero de su libro, disponible una copia en la Biblioteca Bayer, Eduardo es un poco despectivo en su valoración de los habitantes humildes de nuestra zona, su gusto por el alcohol, su poca instrucción. En sus memorias comenta en una oportunidad haber atendido a una pobladora mapuche de quien no recuerda el nombre y por la descripción del lugar pareciera que es en la península Huemul, donde le llama
la atención la longevidad de la señora, esto lo deduce por la edad que dicen tener sus hijos y sus nietos, y su inmejorable estado de salud y actividades que desempeña por la edad que tiene.

En ese tiempo la Comuna funcionaba en la Villa, en una de las tres casas de madera
sobre la Plaza Perito Moreno que desde 1979 se denominó Expedicionarios del Desierto. Las casas pertenecían a la flia. Barbagelata. Cuando la Comuna se mudó al Cruce, esa casa fue utilizada también como complemento de la sala de primeros auxilios, para la parte de internación, con habitación separada para hombres y para mujeres, todo un logro!!!! De esta forma, el doctor Molinero se convirtió en el primer
director del primer hospital con que contamos.

Según testimonios de Erminda Urra, enfermera hoy jubilada, el doctor Molinero sugirió
y alentó a Margarita Cárdenas para que estudie enfermería, y ella se trasladó a
Neuquén capital para su formación, y que en 1964 regresó a la localidad ya recibida de enfermera y se integró al plantel del Hospital, recientemente inaugurado.
Analizando el problema de la cantidad de personas que en ese tiempo tenían bocio, el doctor Molinero se dio cuenta que el problema se generaba por tomar nosotros el agua
que es de deshielo, haciendo muchos análisis del asunto y comparando con la situación de los animales, a quienes se les proveía sal común, sal con calcio y sal con yodo, él insistió en que a los humanos se nos tenia que proporcionar también sal yodurada. Al principio no tuvo apoyo de las autoridades sanitarias de la provincia.
En Salta y Mendoza, provincias con problemáticas similares a la nuestra, se habían
dictado leyes provinciales para obligar el uso de sal yodurada, aquí se necesitó que se sancionara la ley nacional Nº 17.259 para que nuestra provincia la adoptara, esto gracias a las reiteradas gestiones de Molinero al respecto. Mi madre siempre recordaba esto como anécdota, por el esfuerzo de Eduardo para ser escuchado y considerado en
la provincia a pesar de las evidencias científicas que lo avalaban.
En ese tiempo se comenzó a concretar la obra gestada por el doctor Behnisch y a los doctores Molinero les tocó ver la iniciación de los cimientos del tan ansiado edificio para el hospital. Ellos plantaron los pinos que se encuentran en el predio. Se fueron de la
Villa en 1961 y el hospital se inauguró en 1962, estando a cargo el matrimonio Feliú, Valentina era pediatra y Emilio era cirujano.
Erminda nos cuenta que al principio los doctores Feliú no tenían casa, y vivían en instalaciones del Hospital, así como los médicos que vinieron posteriormente, hasta
que muchos años después se construyeron viviendas específicas, en el actual barrio Hospital. Se quedaron en nuestra localidad unos tres años aproximadamente. Ella recuerda que los doctores se fueron a Bariloche, donde trabajaron un tiempo y que aquí venían médicos temporarios, que a veces estaban solamente durante el verano.
Nombra al doctor Wilson, que era peruano, a la doctora Mansi. En ese tiempo en el hospital se atendían casos sin complejidad y los médicos mayoritariamente eran generalistas, no teníamos muchos especialistas ya que aquí no había equipo de rayos
ni laboratorio aún, y los médicos debían arreglarse como podían para cumplir todas las funciones, derivando a Bariloche casos un poco mas complejos.
Consultada sobre cuántas camas había para internación, Erminda me dice que eran cuatro camas. Vinieron después el matrimonio de los doctores Dibi, ambos médicos.
En 1967 se incendió el Hospital. En ese tiempo no teníamos bomberos voluntarios y cuando algo se incendiaba, habitualmente no quedaba nada, era muy difícil combatir el fuego sin bombas. Recuerdo que esa noche estábamos en casa y vino un vecino a avisarnos que se estaba incendiando el hospital, en ese tiempo teníamos una
Estanciera, papá cargó unas palas y salimos para allí. Todo el pueblo miraba el triste espectáculo del fuego devorando en el techo del hospital y se lamentaba. Mi madre no se resignó a ver ese espectáculo y comenzó a dar directivas a los vecinos para hacer
cadenas de baldes con agua, otros con tierra, y apagar las bigas que se desprendían,
con frazadas mojadas, algunos vecinos con palas removían tierra con la que otros
llenaban los baldes y se iban pasando, y así se logró controlar el fuego. Estuvimos
muchas horas allí hasta que terminó todo. Después de eso, mi madre estuvo varios
días casi sin poder moverse, por el esfuerzo realizado y el estrés. Era una gran organizadora y lo curioso es que todos la obedecieron.

Erminda nos cuenta que ya en 1962 con la asunción al gobierno provincial de don
Felipe Sapag y la creación del Movimiento Popular Neuquino, se comenzó con la
organización del sistema provincial de salud, uno de los mejores de nuestro país.
Erminda comenzó a trabajar como enfermera en 1967 en San Martín de los Andes y en nuestra localidad en 1971. Mujer de mucha fe, me comentaba que siempre tenia un rosario en un bolsillo y muchas veces en su trabajo se encomendaba al Infinito. Le tocó traer bebés al mundo y muchas veces en soledad. En otros artículos seguiremos
hablando de este tema.

Este texto fue escrito por Mechi Palavecino colaborando para Archivos del Sur,
Subcomisión de la Biblioteca Osvaldo Bayer, tomando como base el texto “Recuerdos
de dos médicos patagónicos” de Isabel y Eduardo Molinero, una entrevista realizada
por ella a Erminda Urra en el año 1997 y recuerdos personales de su niñez.

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Archivos del Sur, “Y un día, también tuvimos hospital,” Archivos del Sur, accessed September 20, 2024, https://archivosdelsur.ar/items/show/257.